La Fraternidad Cristiana de Personas con Discapacidad de Castellón (Frater), es un Movimiento de Apostolado Seglar integrado en la Acción Católica. Una realidad que surge del corazón mismo de la enfermedad, la limitación física y el deseo de superarlas. Cuenta con sedes en Castellón y La Vall. Ofrece servicios de atención integral a personas con discapacidad en el Centro Maset de Frater.
Entrega de trofeos
Una prioridad: humanizar todo lo humano

Puede resultar paradójico pero necesitamos con urgencia humanizar todo lo humano.

La pandemia de la Covid-19 ha puesto en evidencia que los recursos residenciales, entendidos como unidades de convivencia más o menos extensa, no pueden verse reducidos a la satisfacción de las necesidades básicas esenciales: cobijo, alimentación, atención sanitaria, descanso, etc, únicamente.

Las personas atendidas, con suerte, podrán escapar del virus pero no podrán escapar de una espiral de profunda tristeza si no somos capaces de, además de brindar una exquisita atención socio sanitaria, poner en el centro de nuestra actuación, aquello que las hace (que nos hace) inequívocamente, seres humanos.

El cariño, la necesidad de amar y ser amados, la autoafirmación, la alegría de vivir, la solidaridad, la dignidad compartida y toda una serie extensa de parámetros que también deberían ser cuantificados en las auditorias de calidad del servicio y que en demasiadas ocasiones se difuminan en un mar de indicadores, procesos y protocolos, de cifras y números, de diagnósticos, programas y etiquetas que a todos nos empobrecen.

Confinamiento y tristeza

Esta pandemia exige muchas e importantes reflexiones sobre lo que hemos hecho, lo que hemos dejado de hacer y lo que podemos hacer en el futuro; especialmente con respecto a las personas más vulnerables, vivan en sus domicilios o en residencias.

Desde nuestra experiencia, proteger del contagio, sin más y por imperativo legal, sin consultar ni tener en cuenta una visión integral de los efectos del confinamiento en las personas ha llevado a “castigar más severamente” a los más débiles.

Sin duda, el aislamiento exagerado al que se han visto sometidas ha provocado un empeoramiento generalizado en todas las dimensiones de la vida. La ausencia de relaciones y de actividades es propicia a generar apatía y tristeza, depresiones y pocas -o ninguna- ganas de vivir.

Antes de que se acabe la presión de los contagios, algo verdaderamente nuevo debe cambiar: las visitas pueden ser seguras y más dignas.

Poner todas las medidas de protección (higiene, distanciamiento social y mascarillas) no es incompatible con facilitar las salidas de los centros y las visitas de familiares y amigos. Estas medidas no son solo cuestión de sensibilidad, son también cuestión de salud y responsabilidad compartida.

AGENDA

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  • FRATER

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Sábado 23 de enero

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