Teatro en tiempos en pandemia

La pandemia ha supuesto la suspensión temporal de numerosos proyectos consolidados que teníamos en marcha (Matinales de teatro, Teatre a l’escola, actuaciones programadas…). El teatro es una propuesta artística que necesita la presencia de público y ahora eso es muy complicado. Pero esto no nos ha paralizado, todo lo contrario, lejos de desanimarnos, nos hemos reinventado para dar respuesta a las necesidades creativas de las personas y reencontrarnos con el público a través de internet.

Hemos descubierto la posibilidad de hacer pequeños montajes teatrales para su grabación y edición en vídeo y dar respuesta a demandas externas de posibles entidades que nos pidan una creación artística para algún acto que tengan que realizar. Además, estas representaciones se pueden mostrar a través de las redes sociales, página web, …

Por este motivo, el pasado jueves 14 de enero la compañía Teatre Maset de Frater presentamos nuestro cortometraje “Persones”, de forma online, en la Universitat Jaume I de Castelló.

Otra de las cosas buenas que hemos descubierto es hacer sesiones de teatro en la zona ajardinada del Maset, cuando el tiempo lo permite. Esto nos ha posibilitado trabajar con elementos de la naturaleza (el viento, la luz del sol, la estética de los árboles, los sonidos de la naturaleza, …) como estímulos para nuestras creaciones artísticas.
Nosotros continuaremos, en nuestra línea de ver las posibilidades por encima de las limitaciones que el entorno nos plantee. Estamos convencidos de que esta situación pasará y de que volveremos a poner en marcha los proyectos de siempre y encima sumaremos lo aprendido y descubierto durante este tiempo.

Confinamiento y tristeza

Esta pandemia exige muchas e importantes reflexiones sobre lo que hemos hecho, lo que hemos dejado de hacer y lo que podemos hacer en el futuro; especialmente con respecto a las personas más vulnerables, vivan en sus domicilios o en residencias.

Desde nuestra experiencia, proteger del contagio, sin más y por imperativo legal, sin consultar ni tener en cuenta una visión integral de los efectos del confinamiento en las personas ha llevado a “castigar más severamente” a los más débiles.

Sin duda, el aislamiento exagerado al que se han visto sometidas ha provocado un empeoramiento generalizado en todas las dimensiones de la vida. La ausencia de relaciones y de actividades es propicia a generar apatía y tristeza, depresiones y pocas -o ninguna- ganas de vivir.

Antes de que se acabe la presión de los contagios, algo verdaderamente nuevo debe cambiar: las visitas pueden ser seguras y más dignas.

Poner todas las medidas de protección (higiene, distanciamiento social y mascarillas) no es incompatible con facilitar las salidas de los centros y las visitas de familiares y amigos. Estas medidas no son solo cuestión de sensibilidad, son también cuestión de salud y responsabilidad compartida.

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