Nuestro particular Belén

Y despertó el hambre del volcán,
salió a comer
abrió su boca
y su gran lengua de fuego
lamió los pueblos.

Dejó un mar de cenizas
un lastimero eco de suspiros,
soledad de soledades,
una tristeza tras otra.

¡Ay! corazón
¿dónde poner más dolor?

La herida duele
los gritos no los borra el viento,
las horas pasan
y el peso sigue aquí,
aquí donde más duele.

Aquí donde el llanto de un niño
se escucha. Navidad vieja
si Dios no nace de nuevo
entre ríos de lava virgen y la pasión
del fuego.

Poema adaptado de Humberto Ak´abal, Volcán Panteón

Humanizar desde la proximidad

La más esencial tarea de la humanidad es la tarea de humanizarse.

Humanizar la humanidad es la misión de todos, de todas, de cada uno y cada una de nosotros. La ciencia, la técnica, el progreso, solamente son dignos de nuestro pensamiento y de nuestras manos si nos humanizan más. Solamente amo al otro en la medida en que salgo, libre, abierto, solidario, al encuentro del próximo, aproximándome a él, aproximándole a mí.

No se humaniza la humanidad con máquinas y formulaciones (útiles en su tiempo y a su debido modo), sino con la aproximación humana de cada uno y cada una, de cada persona y de cada pueblo. Humanizar la humanidad practicando la proximidad.

Aproximarnos al poder de los sin poder (Václav Havel), en la opción por los que menos cuentan, con los que menos pueden, tienen y saben, nos ayudará siempre a despertarnos definitivamente a la indignación y al compromiso. También a la esperanza.

Humanicémonos siempre más, humanicemos siempre, practicando la proximidad.

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